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martes, 28 de marzo de 2017

#TalDiaComoHoy...... de 1942 fallecía el poeta Miguel Hernández








Se cumplen 75 años de la muerte del poeta Miguel Hernández en una oscura y represiva cárcel de Alicante.  Entonces, dejó de escribir, porque Miguel Hernández nunca había dejado de hacerlo desde que descubrió las letras allá en su Orihuela natal.  Para la gran mayoría de la gente, cuando se habla del poeta se recrea su época de pastoreo y su formación autodidacta y esto es verdad en cierta medida, porque Miguel Hernández no solo descubrió su fascinación por las letras y el teatro, sino que podía leer en francés y tenía muy buenos conocimientos de latín como resultado de la educación que recibió durante pocos años y las largas tardes de lectura de los clásicos en la biblioteca del canónigo Luis Almarcha, que marcaron su futuro de poeta.
Sus primeros poemas hablaban de lo que conocía: la montaña, el pastoreo o el patio de su casa.  Su primera publicación en el semanario El Pueblo de Orihuela fue el 13 de enero de 1930, titulado “Pastoril”
La suya era una escritura adolescente que se iba perfilando con las lecturas de grandes escritores nacionales y obras traducidas del griego o el latín.  A esta le siguieron algunas otras publicaciones para pronto decidirse a viajar a Madrid buscando nuevas oportunidades para su todavía incipiente obra.  Al no encontrar el resultado esperado regresa a Orihuela.  Tres años más tarde vuelve a Madrid y en esa oportunidad  logra introducirse en el ambiente literario que en ese momento envolvía la ciudad.  Estamos hablando del año 1934, cuando empieza a relacionarse con grandes poetas como Aleixandre, Alberti y Neruda.  Un año más tarde fallece su gran amigo de juventud y compañero de tertulias literarias Ramón Sijé.  A él dedica el poema “Elegía”.
          •  El poema “Elegía” está dedicado a su “compañero del alma”, a su amigo Ramón Sijé que murió de forma inesperada la Noche buena de 1935. Su fallecimiento fue un duro golpe para Miguel Hernández y con este poema le rindió un último homenaje; es un poema escrito en caliente, con los sentimientos a flor de piel donde se deja patente el profundo dolor que le produce al poeta la muerte de su amigo. Este poema fue musicalizado por  Joan Manel Serrat.
El año de su publicación fue 1936 y ese mismo año se edita su primer libro de poemas “El rayo que no cesa”, se incorpora al Ejército Popular de la República y le nombran Comisario de Cultura.  Durante los dos años siguientes y en plena Guerra Civil, continuó escribiendo y publicando: “Viento del Pueblo”, “El labrador de más aire” y “Teatro de la guerra”.  También escribe el drama “Pastor de la Muerte”.  Miguel Hernández nunca dejó de ser un poeta, aunque fuera también un soldado del bando republicano.

martes, 21 de marzo de 2017

#DiaInternacionalDeLaPoesía



Un día dedicado a la poesía

La Unesco decidió que cada 21 de marzo se celebre el Día Mundial de la Poesía. Un día que coincide con el comienzo de la primavera y es que esto, tal vez para muchos, le da más relevancia a la celebración.  Sin embargo, para muchos otros, la poesía es completamente atemporal, ha existido siempre y sobrevivirá mientras haya quién se emocione escribiendo un verso, lo lea o lo recite, o simplemente lo piense y lo sienta. 

Afortunadamente, la poesía ha encontrado una nueva vía para llegar cada vez con más frecuencia a algunas personas que la están descubriendo y a todos aquellos que la han disfrutado siempre. Las redes sociales se han convertido en la tierra donde se cultiva la poesía que llega a millones de lectores. En muchos casos, el anonimato que ofrece este tipo de exposición ha animado a tantos poetas dormidos a mostrar sus letras, a compartirlas desinteresadamente con quién desee leerlas.  También los que amamos la poesía agradecemos poder encontrar sentimientos dibujados en palabras,  con las que nos identificamos y que producen admiración por su belleza.

Nuestro blog ha querido siempre ofrecer su espacio a todos los poetas que quieran brindarnos sus poemas. Pensamos que un solo verso, escrito desde las emociones ya es todo un poema. Nos acercamos a nuestros lectores por medio de ellas, es el hilo que nos une a todos. La poesía es la comunión entre las emociones del poeta y las del lector.
@clubpoetasblog 


Cuando los poetas escriben sobre poesía...




domingo, 19 de marzo de 2017

El mejor hombre #FelizDiaDelPadre



Escondía cosas antes de dormir. A la mañana siguiente, no es que olvidara dónde las había escondido, sino que no recordaba siquiera que las había escondido. Siendo así, para su raciocinio: alguien se las había quitado. En la habitación de al lado dormía uno de sus hijos, el varón menor, que más le cuidaba porque vivía con él. Así que el hombre, padre y abuelo dedujo que su hijo le robaba por la noche mientras él dormía. Otros dos hijos venían de día a verle y a cuidarlo también. Y a ellos se atrevió a confesar sus deducciones: “Vuestro hermano me quita cosas cuando estoy durmiendo”. Después las sospechas se convertían en acusaciones directas al hijo que lo cuidaba: “Jamás pensé que ibas a tener tan poca vergüenza. Eso es ser malo, robarle a un padre, ¿me quieres decir dónde está mi correa?”. La correa o cinturón de pantalón era uno de los muchos ejemplos o cosas que se perdían de vista, para el padre que su hijo las robaba, para el hijo que el padre las escondía y después no se acordaba.


Su hijo prefería seguirle la corriente en todo lo que podía, pero a veces no podía, y le decía: “Papá, no escondas las cosas, si quieres tener una buena vejez, no escondas las cosas, déjalas a la vista, que nadie te las va a quitar”. Después buscaba o reponía el objeto “robado”. La casa era grande con mucho mobiliario, ropas, adornos, etc…, así que el hijo no siempre encontraba lo que escondía el padre. Con la correa, por ejemplo, tuvo que comprarle otra. Una correa nueva… Pero si el hijo le había robado una correa usada también lo haría, o más lo haría, con la nueva, así que mejor esconderla… A la mañana siguiente comenzaba la historia de nuevo, la del hijo ladrón. Durante la cena, sin embargo, el padre le contaba al hijo aventuras de su juventud. Historias que el hijo había escuchado veinte o treinta veces, pero que solía disimular como si fuera la primera vez. Y juntos sonreían e incluso reían.